Cristián Fiebre: “Siempre me gustó la violencia”

Pasó hace algunos días por el puerto, tocó en vivo y aprovechó de conversar con Ciudad Invisible. Te dejamos con las palabras de este particular músico chileno.

A Cristián Fiebre habría que considerarlo un anormal. Pocos artistas chilenos, sobre todo en el ámbito del rock han trabajado de modo más permanente, casi como una obsesión, los desbordes de la pasión humana. Lo de Fiebre son canciones de amor, sí, pero manchadas de crimen y dolor. El tipo es también medio fantasmal. Estuvo, tuvo y luego desapareció. A fines de los 90, sacó 2 discos independientes que alcanzaron status de culto (“Viva la virxen”, 1996 y “Mujer elefante”, 1999-2000). Luego, fue parte de la armada latina que el argentino Gustavo Santaolalla reclutaba en México, a través de su sello Surco y la multinacional Universal; esa camada que tenía nombres como Café Tacuba, Control Machete y Bersuit. Fiebre apareció, por ejemplo, en el soundtrack del filme del cambio de milenio, “Amores perros”. Pero México no fue. No anduvo. La banda se disolvió al poco tiempo después, y de Cristián Fiebre, vocalista, autor y mentor, sólo se supo que se había marchado a España.

Pero los fantasmas, así como las pasiones, están hechos para regresar. Donde hubo, cenizas quedan. O también cicatrices. O restos de sangre y semen. Fiebre ha retornado súbitamente este 2011 con un disco preciso. “Antialias”, es su nombre, y se escucha/se lee de un modo que no es único. También engaña, y como dice su autor: “Las letras tratan de dar el subtexto y tú, que escuchas, invéntate el texto”.

Sábado de invierno. A horas de su debut en tierras porteñas, Ciudad Invisible se tomó un par de minerales sin gas con Cristián Fiebre y su guitarrista Camilo Bianchi en una fuente de soda de la calle Bellavista. “Somos chicos sanos”, le dice el calvo artista a la garzona. Y le sonríe.

En tu web (www.cristianfiebre.com) se puede leer que las canciones de “Antialias” son aquellas del hipotético tercer disco que la banda haría en México, en 2001 ¿Cuánto hay de hoy y cuánto de hace 10 años?

“Son canciones de inicios del 2000 pero que todavía siento actuales, y por eso están grabadas. Sin embargo, hay 3 completamente nuevas… “Antialias”, “No me disparen” y “Rompecorazones”, y también algunas partes de ciertos temas. También hay canciones que quedaron fuera porque no calzaban con el concepto. Siento que el disco es un modo de dejar atrás ciertas formas y, paralelamente, es la semilla de canciones que van a venir. Por otro lado, no es raro que un artista guarde canciones 10 años. Charly García, Radiohead, lo han hecho…”.

¿Quieres llegar a lo emocional de las personas? En “Antialias” usas el formato canción de un modo más convencional…

“Yo creo que las canciones están mejor hechas. Además, estaban las ganas de hacer un disco bien producido. Las letras siguen siendo intensas, igual que la música pero tratamos de ir por la corrección técnica. El hecho de que una persona que era externa al grupo, que es Andrés Perez Lecaros, produzca el disco, también le da otro trato… Quizás si no hubiera estado él, el disco habría sido más parecido a “Mujer Elefante”, más loco en forma pero no en fondo”.

Camilo Bianchi: “La belleza fue más controlada. Quizás antes nos sobrecargamos de búsqueda de belleza. Creo que ahora está más… adulto. Curiosamente, desde la academia, hay más daño e irrupción en este disco que en al anterior”.

Parece que es importante para ti y la banda componer usando el error. De hecho, en tu web hasta revelas en qué lugares de las canciones lo usas ¿cómo es eso?

“Hay una manera de componer mía, que es actual, y que tiene que ver con la aceptación del error y exacerbarlo. Lo usamos para hacer arreglos. En el disco, estuvimos alerta para algo que no estábamos preparados. Por ejemplo, soltar pistas en ciertos lugares de las canciones, a ojos cerrados. El error siempre es una oportunidad, y uno debe darse cuenta de eso”.

Chilenos perdidos en México

El error. Cristián Fiebre volvió a Chile hace 3 años tras vivir casi 8 en Palmas de Mallorca, España. Había dejado atrás la experiencia mexicana. Breve, intensa pero frustrante. Gustavo Santaolalla, enamorado de “Mujer Elefante”, dándoles la oportunidad por la que decenas de bandas habrían asesinado. Pero no. Nunca es el león como lo pintan. La banda nunca contó con un manager adecuado. Además, se conjugaba el cambio de paradigma: Las discográficas no estaban interesadas en gastar el dinero de la década pasada: Había llegado la era de la descarga por internet. “Muchas de las letras de “Antialias” se compusieron cuando estuvimos en México”, señala Fiebre. “De hecho, el tema que abre, “Llévame al desierto” es una sensación que tuvimos allá; de estar en un desierto; de estar desertados; ser desertores: Yo me sentía en la nada en México. Vivíamos en el DF y yo sentía esa sensación de abandono…”.

Camilo Bianchi: “Sí, más que abandono, mi sensación era de sin-sentido, que dábamos palos de ciego. Estábamos en una circunstancia que todos querían tener, que agradecíamos pero estando ahí teníamos un techo. Tampoco éramos adolescentes que queríamos vivir el sueño del rockstar”.

“La experiencia en México sirvió para componer canciones pero yo no la recomiendo. Me sentía así como tirado a los leones”, apunta Cristián. “La primera llamada telefónica que tuvimos del sello fue: ‘Sí, los esperábamos para el próximo año’… ¡Y nosotros ya estábamos en el DF! … Es una opinión muy personal, y mirándolo a la distancia de 10 años, pero yo creo que había que cumplir con ciertas condiciones para que Santaolalla estuviera en Universal y eso era una cartera de grupos buenos que él manejara, y yo creo que fuimos parte de ese portafolio. Era una gran oportunidad que nos estaban dando, y sí que lo fue… pero con 5 años menos, con otras condiciones, y un año antes. En ese instante ya no”.

A algunos artistas, el deambular les sirve. A ti parece que no…

“Completamente. Fuera de Chile no me dan ganas de tocar una nota ni cantar. Lo que yo hago son canciones para Chile y para estas décadas. En España me pasó que no tenía ganas de decir quién soy, en cambio aquí sí. Para mí, hacer música es decir cosas y decírselas a quien pueda entender. En España, tenía la impresión que los temas que se tratan así como las melodías no eran las que me interesaban, y lo que yo hacía no iba a importar”.

El imperio de las pasiones

Si algo caracteriza la temática de Fiebre es su galería de personajes atrapados por las pasiones. En ocasiones, las irrefrenables y las criminales. “Morder a la niña”, “Le cierra los ojos”, “Target automovilista”, de “Mujer Elefante” y (casi) todo “Antialias”, pueden ser entendidos como retratos en primera persona de seres que sobrepasan la norma social. Lo bueno y lo malo. “A mi siempre me ha gustado la violencia; me gusta cuando tocamos fuerte. O cuando alguien dice una pesadez o cuando hay un color que no es el que corresponde. Eso es es arte. El resto, para mi, es diseño o moda”, señala.

Nacido y criado en Las Condes, hace 41 años (“lo que es irrelevante para mi arte”, advierte), su aprendizaje temático provino, desde la adolescencia, en el gusto por el thrash metal y el tango. Para Fiebre, el “Hell Awaits” de Slayer y las canciones malevas del Polaco Goyeneche son tan influyentes como la literatura de Camilo José Cela, Italo Pascual Duarte y los surrealistas.

“Hablar de cosas normales no tiene mucho sentido para mi. Me interesa que pase algo, y que sea lo más fuerte posible porque tenemos 3 minutos (de canción) para lograr eso”, dice. “Yo tengo que causar una impresión en las personas que escuchan las canciones. Hay una búsqueda de la belleza en las armonías, buscamos lo grotesco pero que no es necesariamente feo. Hay una elección que, de hecho, se plantea al inicio de “Antialias” con “Llévame al desierto”, que puede tomar por sorpresa a la gente que nos escuchaba antes. Yo quise que esa canción fuera un corte a fuego. Si no te gusta la canción, entonces no te metas al disco. Me interesa molestar…”.

Descalce. Fiebre puede sonar como una banda de rock pop pero no es así. De hecho se nota en la canción “Abre tu aroma”, una balada que sonaría épica y que queda muy bien para terminar el disco pero algo no calza. Fiebre siempre termina por inquietar desde una frase sea musical o lírica: Ocurre que el asesinato recorre todo el disco y obliga a un desplazamiento de la escucha. A un desplazamiento del sentido. Pasa en la canción “Ok, baby, amén” en cuya letra puede oirse algo tan perturbador como: “Es mejor así/ cuando tú no estás/ y tu cuerpo sigue estando”.

En “Antialias” está, sobre todo al inicio, esa sonoridad agridulce y algo crepuscular parecida a Nick Cave y los Bad Seeds. Además, no dejo de pensar en que hay una coincidencia entre lo que tú haces: Baladas criminales/Murder ballads…

“Sí, a mi me encantó Nick Cave. Es el gran poder expresivo del asesinato y del amor. También , de hablar del crimen desde un punto de vista ingenuo, creo yo, un poco como de adolescente, sin ningún remordimiento. Antes leía mucho las páginas policiales. En México, mucho. Hay que decir que allá aman la sangre y los periodistas siempre trataban de encontrarle las razones al crimen y eso me impacta mucho. Temas como el tipo que mató a una prostituta porque pensó que se reía porque no se le paraba. Me encanta eso porque hay un odio o una carencia anterior. Me impresiona que lo enternecedor puede dar paso a algo muy brutal”.
Sin embargo, a Fiebre, hoy por hoy, ya no le interesa tanto el crimen como tema (“Hubo también una especie de moda”). El hombre indica que le atrae buscar la pasión en lugares poco pasionales. “Hay un germen de tema en la ilusión de país desarrollado que tenemos y cómo eso afecta a los individuos pero no a nivel de discurso político sino que, por ejemplo, cómo te fue infiel tu mujer porque se fue enamorando de su compañero que trabaja en el mall. Son dramas pasionales menores, poco poéticos…”.

El futuro plan de la banda, lo resuelve con una metáfora: El toreo. Curiosamente, un arte que también envuelve muerte, redención y riesgo. “El torero tiene que moverse lo menos posible. Así me gustaría que así fueran las nuevas canciones. Con letras menos directas. Quiero que la gente arme más, y yo dé menos”.