La Casa T.I.A.O lejos de la paranoia

Este martes, por una orden del Tribunal de Garantía, Carabineros allanó durante dos horas la casa “okupa” T.I.A.O de Valparaíso. El operativo terminó sin detenidos ni los artefactos explosivos que buscaban. Acá los dejamos con un reportaje de la Ciudad Invisible n° 18, que aborda la realidad del lugar dedicado a las artes y los oficios. Esa que no cabe en la paranoia de la represión.

No Desearás la Casa de Tu prójimo

No les importó el nombre ni apellido de su propietario, mas sí el abandono en que este la tenía. Como su objeto de deseo la conquistaron, le devolvieron la vida, la bautizaron y se instalaron en ella. Pero hoy temen ser expulsados del “paraíso” que crearon. Son los “okupa” de la Casa TIAO, Trabajadores de las Artes y Oficios, que por estos días ven peligrar la vivienda y espacio de desarrollo artístico que los cobija. “Pecaron”, pues “codiciaron” lo ajeno: Una propiedad de la iglesia católica.


La venta por parte de la Iglesia Católica del edificio que desde 1931 albergara al histórico Café Riquet de Valparaíso tiene como explicación el atraso de $20 millones en arriendo que este último arrastrara con el clero. La Inmobiliaria “Santa Ana” acusó el grito en el cielo de la Iglesia y les pagó por el inmueble de la plaza Aníbal Pinto, incluido el Riquet y su deuda, $750 millones de pesos. Un hecho que, lamentablemente, puso en duda la continuidad del histórico café y con él su relevancia histórica. Un problema, en otras palabras, de valor monetario versus valor patrimonial.

Sin embargo, otro dilema ajeno a la cobertura mediática, que por razones obvias tuvo el caso Riquet, tiene también a la iglesia católica como una de sus protagonistas. Guardando las proporciones, se podría decir que en él también hay “valores” en conflicto. Es lo que ocurre con la Casa TIAO de Yungay 1772, propiedad del obispado de Valparaíso, pero hoy “ocupada” por los “Trabajadores Independientes de las Artes y Oficios”. Un caso, ahora, de valor monetario versus valor artístico y cultural.

Yungay 1772. De baño público a espacio cultural

12 de noviembre de 2006. Unos nueve jóvenes venidos de distintos lugares deciden ingresar al 1772 de la calle Yungay en Valparaíso, con el fin de “ocupar” una propiedad hasta ahora deshabitada. Los recibe la soledad, la oscuridad, el silencio, el olor a orina y una cantidad increíble de escombros acumulados en los años de desuso.

El fin, como en muchos otros casos, fue el mismo: Limpiar y acondicionar una casa abandonada para “generar un espacio cultural y de trabajo, y que solucionara el problema habitacional de personas no asalariadas ni apatronadas que se dedican a las artes”, explica el joven pintor Sebastián, uno de los habitantes. Una “legítima ilegalidad” le llaman. Una “ocupación”, como explica una artista visual que vive en el lugar; nacida en parte “por la necesidad de brindar un hogar digno y auto sustentado a quienes realizan un tipo de arte cuya remuneración no permite optar a una vivienda”.

Justamente de esa dificultad que tienen personas de escasos recursos para optar a una casa deriva también la crítica de estos muchachos hacia la iglesia católica, y en particular hacia el obispado porteño, en cuanto a haber mantenido abandonada una valiosa propiedad. Tres niveles, con 4 casas repartidas en 2 pisos y un amplio subterráneo, que simplemente funcionó durante demasiado tiempo como basural y baño público alternativo a la plaza Victoria y los bares que la rodean.

Consecuencia de aquel deplorable estado la conquista por parte de los “okupa” se transformó, finalmente, en una odisea. Arduo trabajo, agotadores días de recoger los escombros; ochenta sacos de “pura mierda” para ser exactos, como recuerda Sebastián. A ello le siguió el asear, fumigar, pintar y reparar el deterioro causado por un incomprensible desuso por parte de su ahora celoso dueño, el obispado de Valparaíso. El mismo que en la prensa no dudó en declarar la propiedad como “inhabitable”.

TIAO, puerto del arte

Del desastre se pasó a la organización y, en los más de cinco meses de ocupación física y cultural, le han devuelto la vida al lugar con vivos colores, arte y una pequeña biblioteca. Unos veinte jóvenes artistas, entre profesionales y autodidactas, amantes del teatro, el circo, los malabares, la pintura, la danza y otros varios oficios se han organizado para vivir en una comunidad donde la transversalidad manda, junto con el orden y la alimentación colectiva. Donde hay, por una parte, un “trabajo intermitente” y, más bien interno, de talleres de tela, trapecio, numerología en malabares (técnica para poder entenderse en esta disciplina), serigrafía, títeres y bicicleta, entre otros, fruto del paso que por la casa hacen artistas chilenos y extranjeros. Un rico intercambio cultural desconocido por la población porteña, quizás único por la frecuencia con que se da, y que ha permitido a la Casa TIAO generar importantes redes de apoyo y de traspaso de experiencias a nivel nacional e internacional.

Asimismo, se han desarrollado actividades tendientes a exportar su labor como centro cultural abierto a la comunidad, con dos muestras de Suspensiones; una Tocata; cuatro Jornadas de Documentales y Debates, con unos 50 asistentes aproximadamente; cuatro Ferias de Trueque, con una convocatoria de más o menos 30 personas en cada una; y Tardes Infantiles o varietés, consistentes en dinámicas con niños, circo teatro y cuentacuentos, que han contado con la participación aproximada de unas 200 personas en las tres versiones (enero, febrero y abril). La última, de hecho, convocó a 80 asistentes, en su mayoría familias y niños. A ello se suma, por supuesto, el trabajo callejero de teatro o shows en micros y semáforos que a diario realizan algunos de ellos.

Sin embargo, por estos días la veintena de “okupas” que conforman la casa de los “Trabajadores Independientes de las Artes y Oficios” tienen la cabeza y el tiempo empleados en algo más que la actuación o sus clavas. Y es que a 5 meses de haber conquistado un lugar perfecto para sus fines artístico-laborales todo indica que pronto podrían ser expulsados de aquella vivienda. Iglesia, policía y desalojo son palabras que suenan con mayor frecuencia entre ellos. Casi tanto como resistencia.

Secretos de dos… No son de Dios

Ocurre que con anterioridad a la “ocupación” de TIAO, una de las casas del segundo piso estuvo habitada durante un tiempo por un colectivo anarquista. Eso, hasta fines de 2006, cuando fueron desalojados, tras lo cual se abrió un proceso en su contra que finalizó en un acuerdo con la Fiscalía y la iglesia para abandonar definitivamente la propiedad.

Tras la nueva habilitación de la casa por parte de TIAO, sus integrantes intentaron hablar con su dueño, el obispado, para explicarle su misión y de pasada derribar prejuicios. Mas, la respuesta fue tajante: “Entiéndanse con nuestro abogado”. Valga la ironía que se dio pues no sería esta la única vez que la Iglesia les cerraría la puerta en la cara a los artistas, ya que como relatan estos, tras el anterior desalojo, la autoridad eclesiástica mandó a cerrar con grandes portones metálicos la propiedad mientras ellos estaban adentro. Sólo la voluntad de uno de los obreros permitió dejar libre la actual entrada bajo el 1772 de la calle Yungay.

No menos alentadoras fueron nuestras peticiones de entrevista con Leopoldo Núñez, Vicario General del obispado de Valparaíso. Luego de al menos tres visitas, lo único que logramos fue que a través de su secretaria este nos mandara a decir: “Mientras el caso esté en Tribunales no habrá referencia al tema”.

Las amenazas de desalojo no se han hecho esperar y es cuestión de días para que, tras el cierre del anterior proceso, comiencen las acciones de uno nuevo contra los “Trabajadores Independientes de las Artes y Oficios”, como nos explica Andrea Pizarro, una de las abogadas que ha monitoreado el caso. De ahí que las palabras pacos, desalojo, citación y audiencia se mezclan hoy con clown, clavas, semáforo, colecta y libros, en la “casa okupa”.

Caza-Okupas

En Santiago, el pasado 26 de septiembre de 2006 fue un día negro para los habitantes de la casa de San Ignacio de Loyola #165. Carabineros allanó el lugar donde habitaba un grupo de “okupas”. Dos mujeres y cuatro hombres, ninguno con antecedentes penales, fueron detenidos bajo el argumento de “presunta fábrica de bombas molotov”. Si bien posteriormente llegaron a un acuerdo para no ir a juicio oral a cambio de realizar trabajos comunitarios y de firmar mensualmente por un año, sí fueron imputados por “tenencia ilegal de armas” y formalizados por “asociación ilícita”. ¿Las pruebas?: Botellas de bencina, parafina, pintura, telas y “lectura subversiva” encontradas en la casa, según Carabineros, para ser ocupadas en la elaboración de bombas molotov.

Las autoridades andaban tiritonas con la marcha convocada por los profesores para ese día y la “prevención” se hizo amiga de la ignorancia de quienes no sabían que los elementos encontrados se utilizan para realizar Malabarismo con swim, donde se usan varas de fuego y antorchas.


En Valparaíso, para una nueva conmemoración del Día del Joven Combatiente, el pasado 29 de marzo, la Casa TIAO estuvo toda la tarde custodiada por Carabineros. Antes ya la habían fotografiado. Es la misma “caza de brujas” llevada a cabo en contra de quienes han optado por devolverle la vida a propiedades ajenas que están muertas; o por donde, literalmente, ha pasado la muerte. Como en la casa “okupa” de República 550 en la capital, otrora “hogar” de la CNI y la DINA, y que hoy alberga al renombrado Centro de Investigación Escénica AKÍ, a cuyos habitantes demandó el Serviú por “usurpación no violenta de la propiedad”.

La misma situación se repite también en Quilpué, donde los integrantes del Centro Social Ocupado “El Semillero” enfrentan por estos días un inminente desalojo de la abandonada casa que transformaron en espacio cultural. La acción de despido truncaría la formación de un preuniversitario popular y la continuidad de interesantes talleres artísticos y de Economía Política o Periodismo Crítico que se dictan gratuitamente. ¿El dueño de la propiedad?: El Banco de Crédito e Inversiones (BCI).

“Un desalojo, otra okupación”

Hasta el cierre de este reportaje, los “Trabajadores Independientes de las Artes y Oficios” de Valparaíso estaban a la espera de ser citados al Juzgado de Garantía o lisa y llanamente de ser desalojados. Talleres gratuitos de Acrobacia Aérea, en Piso y de Teatro; una Feria de Trueque; una Muestra de Documentales y una nueva Varieté Artística han sido las últimas armas empuñadas recientemente para resistir un inminente despido. Y es que, además de sus pertenencias, en la casa hay material valioso y delicadas estructuras propias del oficio circense que de asaltar Carabineros la vivienda, sin duda, resultarían dañadas si no destruidas. Una lamentable decisión que lo más probable es que sólo redunde en el cumplimiento de esa suerte de “mandamiento okupa” que nos recuerda uno de los habitantes: “Un desalojo, otra ocupación”.

Un “mandamiento” que ciertamente no calza con el número 10 de la iglesia católica-romana, resumido en “No Codiciarás”. Un postulado que, a todo esto, tiene su origen en el 10º Mandamiento de los Cristianos Protestantes sacado del Antiguo Testamento, y que reza literalmente: “No desearás la mujer de tu prójimo, no codiciarás su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: Nada que sea de tu prójimo”.

En Revista Ciudad Invisible nº 18, mayo de 2007

fotos: Casa TIAO

2 commentarios
  1. 454 días ago
    Jotao

    Màs brevedad se agradece…y mayor concisión.

    • 432 días ago
      pfff

      jaja wn pajero!!