Pablo Oyarzún, filósofo y ensayista: “La calle es el domicilio del pueblo”

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Este viernes 6 de enero el filósofo y ensayista Pablo Oyarzún realizó una conferencia en la Universidad Católica de Valparaíso. La crisis de la educación en Chile fue el tópico abordado por el ex decano de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y también docente de la casa de estudios porteña.

Oyarzún comprende la educación como factor de movilización social. De ahí que para él la desigualdad “de la educación pública estatal, particular subvencionada y particular, profundiza la diferencia en un país con clases rígidas y poco móviles”. De ahí la importancia que le asignó entonces a la acción de los estudiantes de llevar al gobierno a una caída en su popularidad al utilizar el término lucro, al que definió como “el aprovechamiento que unos pocos hacen de la miseria de los demás”.

La organización y el miedo

Según contó, alcanzó a participar de 15 marchas. “Allí pude rescatar afectividades, sensibilidades, expresiones entre el ethos y pathos, ver qué se está revelando hoy, como formas de vida que llevan a ocupar el espacio público del país: la calle es el domicilio del pueblo”, sentenció. Oyarzún relevó la capacidad del movimiento estudiantil de reconquistar la calle como lugar de expresión, con conocimientos plenos de sus derechos -como la gratuidad de la educación vista de esa forma y no como un servicio- y de ampliar las bases de la participación ciudadana, democratizando y compartiendo conflictos, dijo.

En las movilizaciones también pudo observar que el miedo a la represión que estuvo presente en la dictadura, los jóvenes de hoy no lo sienten. En cambio, agregó, tienen más temor a las formas de organización política, las que sin embargo durante este período fueron ejes fundamentales de cohesión y acción en la resistencia.

Así mismo, relacionó la legitimidad del movimiento al agotamiento de las organizaciones políticas tradicionales, como los partidos. “La comunidad histórica del país estaba acostumbrada a la negociación”, dijo, cuestión que en esta ocasión no fue posible ya que lo que hace el movimiento social es finalmente criticar a fondo el modelo. Eso sí, recalcó que de todas formas el movimiento social requiere plantearse nuevas formas de  representatividad.

“Si los seres humanos son esencialmente pasionales, la razón está para aconsejar y evitar”, señaló el ensayista, aludiendo a los principios de Hobbes en que el estado natural es el estado de guerra, donde hay que repactar la paz. Es en una sociedad en la cual reina el  miedo, recordó, donde se produce el consumo a causa de ese miedo y se desarrolla el individualismo posesivo.

De ahí que concluyera que si el movimiento se presentó como una pérdida de miedo en la exposición de sus demandas, este debe avanzar hacia estructuras de organización; o sea, perder el miedo a la estructura política.

Al cierre, el filósofo recalcó la necesidad de que los cuestionamientos no se agoten en lo teórico sino que avancen hacia la praxis, confluyendo acción y reflexión. Allí, dijo, es donde aparece entonces la pregunta de “¿cuál es la sociedad deseable?”, y frente a la cual surgen las “nuevas estrategias de innovación social que se inventan en el espacio público e inventan el espacio público”, finalizó.

Fotos: Rens Veninga

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Sobre el autor

Rens Veninga Fergadiott // Magister en Historia y licenciada en Diseño de la PUCV. Investigadora, creadora interdisciplinaria e independiente. Participante del proyecto de residencia artística ESPACIO FABRICA

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